Caribe

Turismo en boga en el Caribe: nadar con tiburones toro, especie considerada la más agresiva del mundo

Considerados por los científicos como la especie más agresiva del mundo, los tiburones toro están dejando de ser una atracción turística para su caza, ahora se les busca para disfrutar de su compañía en las aguas del Caribe. Países como Bahamas y ahora Cuba, están desarrollando una prometedora industria de turismo ecológico, donde los tiburones son el principal atractivo.

Turismo en boga en el Caribe: nadar con tiburones toro, especie considerada la más agresiva del mundo

En el primero de estos países se trata de un negocio consolidado, mientras que en Cuba existe el Centro Internacional de Buceo Sharks Friends, en Playa Santa Lucía, que es gestionado por el gobierno y es el único lugar del país, uno de los pocos del mundo, donde los buceadores pueden nadar con tiburones toro.

Se trata de un imponente animal marino que cuenta con más de 350 dientes, un aspecto musculoso y con la fama de atacar barcos y a personas –aunque expertos dicen que esto es sólo una invención de Hollywood-, y que históricamente son cazados por sus aletas, hígado y piel. En la isla, existen cerca de 100 especies de tiburones nativos y se espera que su presencia atraiga a los visitantes que han tardado en regresar desde la pandemia.

Biólogos marinos afirman que, pese a que esporádicamente se registran ataques a seres humanos, los tiburones no suelen representar ningún peligro y que son necesarios para mantener la salud de los arrecifes y las poblaciones de peces.

«Les decimos a los residentes que no los maten, que no los pesquen. Siempre estamos trabajando en ello», dice el guía de buceo Lazaro Suarez Zayas. La técnica para atraerlos es simple: tras la inmersión del guía con los turistas –que no cuentan con una jaula que les brinde protección- son lanzados algunos pescados en las cercanías, ante lo cual los gigantes marinos comienzan a acercarse.

Los visitantes se deben sentar en el fondo marino para disfrutar del espectáculo, mientras el guía continúa con la entrega de alimentos a los que considera sus mascotas, entregándoles trozos de pescado directamente en sus bocas, con el cuidado necesario y sin nunca bajar la guardia. Más que mal, se trata de animales con fuertes mandíbulas y cuyo espacio natural está siendo invadido por los turistas.