Trump, migración y el efecto en el mercado inmobiliario de República Dominicana
- Cristián Torres

- 7 feb
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Opinión: Cristián Torres Díaz. Periodista.
La política migratoria de Estados Unidos no es un tema aislado para República Dominicana, y menos para la industria inmobiliaria. Como alguien que ha apostado por el desarrollo de este sector en el país, me resulta imposible ignorar el impacto que las decisiones de la Casa Blanca pueden tener sobre nuestra economía. Las deportaciones masivas, anunciadas como parte de la agenda de Trump 2.0, no solo afectarían las remesas —un pilar financiero clave para miles de familias dominicanas— sino que también alterarían la disponibilidad de mano de obra en la construcción y en sectores administrativos relacionados con bienes raíces y turismo. A largo plazo, esto podría traducirse en costos más altos y ralentización de proyectos que hoy dependen, en gran medida, de trabajadores extranjeros, muchos de ellos en situación migratoria irregular.

El discurso antiinmigrante de Trump apunta directamente a la reindustrialización de EE.UU., pero en el proceso, ignora la interdependencia económica con países como República Dominicana. La realidad es que una parte significativa de la fuerza laboral que sostiene el auge inmobiliario en Punta Cana, Santo Domingo y otras zonas de desarrollo proviene del exterior. Desde albañiles y electricistas hasta ejecutivos de ventas y asesores de inversión, la migración ha sido un factor determinante en el dinamismo del sector. Si se endurecen las medidas y aumentan las deportaciones, veremos una escasez de talento y un incremento en los costos operativos, lo que inevitablemente afectará la rentabilidad y el ritmo de crecimiento de nuevos desarrollos.
Por otro lado, la política de altos aranceles y proteccionismo industrial que impulsa Trump podría tener un efecto inesperado en nuestro mercado: un mayor interés de inversionistas norteamericanos en diversificar su capital fuera de EE.UU. La incertidumbre económica y el encarecimiento de la producción local en Norteamérica podrían llevar a más personas a mirar hacia destinos con oportunidades más accesibles, y ahí es donde República Dominicana tiene la oportunidad de fortalecer su atractivo como mercado inmobiliario estable y rentable. Si jugamos bien nuestras cartas, podríamos recibir una nueva ola de compradores que buscan resguardar su dinero en propiedades fuera del alcance de la volatilidad estadounidense.
Sin embargo, no todo es optimismo. El posible encarecimiento del crédito, impulsado por una inflación persistente en EE.UU. y políticas monetarias restrictivas, podría frenar el acceso a financiamiento para proyectos de gran escala en República Dominicana. En este punto, es clave que tanto el gobierno como el sector privado diseñen estrategias para mitigar los efectos de tasas de interés elevadas, incentivando modelos de inversión más flexibles y esquemas de financiamiento que permitan mantener el dinamismo del sector. No podemos permitir que el costo del dinero se convierta en un obstáculo para el crecimiento de una industria que ha demostrado ser un motor de desarrollo para el país.
En definitiva, la nueva era de Trump representa tanto desafíos como oportunidades para la industria inmobiliaria dominicana. Si bien las restricciones migratorias y las políticas proteccionistas pueden generar tensiones en la mano de obra y el financiamiento, también existe un espacio para consolidar a República Dominicana como un destino seguro para inversionistas extranjeros. En este momento, más que nunca, es fundamental que quienes trabajamos en el sector entendamos las dinámicas globales y tomemos decisiones estratégicas que nos permitan no solo resistir los cambios, sino capitalizarlos en favor de un mercado más sólido y competitivo.
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